Del anotador de un alien que está de paso por la Tierra: los cumpleaños

Los humanos nacen en alguno de los 365 días* que la Tierra tarda en realizar el movimiento de traslación. Y ese día debe ser registrado de alguna forma, dado que a ellos les encanta festejar que su planeta haya dado una vuelta completa alrededor del sol desde que nacieron. La primera vuelta se denomina “primer cumpleaños” y el humano cumple un año, la segunda vuelta, “segundo cumpleaños” y cumple dos años, y así sucesivamente hasta que su sustento biológico inicia el proceso de reciclado.

En cada ocasión que esto sucede, el cumpliente se reúne con individuos de su círculo social más cercano y recibe de estos varios objetos conocidos como “regalos”. Los mismos están provisoriamente ocultos bajo una envoltura de papel e identificados con un pequeño adminículo ornamental designado como moño.

Lo más destacable de esta celebración es que, en un momento, se produce un apagón voluntario de las luces y uno de los participantes se dirige hacia el festejado con un alimento cilíndrico achatado (aunque también hay de otras formas), compuesto por capas intercaladas de dulce sólido y de dulce semisólido. Sobre el elemento comestible, unos dispositivos de iluminación mediante pequeñas llamas permiten que el portador reconozca el camino en la oscuridad. Mientras tanto, todos los reunidos cantan una fórmula ritual que dice así: “¡Que los cumplas, feliz! // ¡Que los cumplas, feliz! // ¡Que los cumplas, (nombre del individuo, a veces, alterado)!  ¡Que los cumplas, feliz!”. El celebrado, al finalizar el canto, debe abocarse a dos tareas: 1) pedir tres deseos** y 2) apagar la llama, mediante un soplido, a los fines de evitar que se incendie el habitáculo del festejo.

 

* La cifra exacta es de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos. Pero los humanos prefieren redondear las cifras, aunque esto les genere problemas luego.

** Un deseo es algo que un humano quiere que suceda. Los pueden solicitar, ante quien corresponda, mientras están a) soplando las velas en su propio cumpleaños, b) observando una estrella fugaz o c) arrojando monedas en una fuente.

Taller: Escribamos un cuento ambiental

Taller cuento ambiental_event

Taller gratuito
Sábado 8 de abril 10 a 13 hs
Av. Chorroarín 160 (Intersección Av. Warnes) CABA
Centro de Capacitación de la Fundación Espacios Verdes

En este taller trabajaremos técnicas para crear un cuento destinado para niños y que pueda ser utilizado como material didáctico en actividades de Educación Ambiental.

Destinatarios:
Docentes, promotores ambientales, público en general interesado en el tema.

Inscripción previa
https://www.eventbrite.com.ar/e/escribamos-un-cuento-ambiental-taller-gratuito-tickets-32972039257

Notas de un alien que está de paso por la Tierra: la calesita

Una calesita consiste en un círculo de unos pocos metros de diámetro en cuya superficie se sitúan figuras rígidas que representan medios de transporte, animales y otros objetos que aún no reconozco (es probable que sean producto de la profusa imaginación humana). Los miembros más jóvenes de la especie se sientan sobre estas figuras, mientras el dispositivo gira sobre su eje. A un volumen casi nocivo, suenan melodías infernales (nota: desarrollar el concepto de infierno) que los niños parecen disfrutar. Los referentes adultos de los niños permanecen sentados o parados a una distancia prudencial de la máquina. Ambos se saludan cada vez que el movimiento circular los reencuentra. Esta acción se contradice con lo que denominé Teoría del Saludo Humano, que establece que las personas solo agitan sus manos con las palmas orientadas hacia sus interlocutores cuando se encuentran y cuando se alejan.

Típicamente, en un punto exterior de la calesita se ubica una persona, denominada calesitero o calesitera, que moviliza una pera de madera. En dicha pera, hay insertado un elemento denominado sortija, objeto que consta de dos componentes: a) un anillo metálico y b) una varilla a la que se le dio la forma de letra V, cuyo ángulo abraza la circunferencia del anillo y que se oculta en el hueco del elemento peroide.

El calesitero o calesitera suele ofrecer la sortija a los niños efectuando, con sus manos, movimientos en forma de ocho acostado o de infinito (nota: preguntarle a un individuo de esta profesión qué es lo que se quiere simbolizar con el movimiento. Hacerlo con discreción, para que no sospeche nada).  Sin embargo, cuando los niños estiran sus brazos y se acercan al elemento, el adulto les dificulta su obtención. Finalmente, un niño logra ser más ágil que el calesitero o calesitera y se hace acreedor temporal de la sortija, lo que significa que podrá dar una nueva vuelta sin que haya intercambio de dinero.

Conviene bajarse de la calesita cuando esta deja de girar.

 

El tiempo y el amor

«¡El tiempo pasó volando!», pensó Ana mientras finalizaba su primera y brevísima cita con Ezequiel. De camino hacia su casa, concluyó que sería por aquello de la teoría de la relatividad: diez minutos en una sesión de masajes no parecen durar lo mismo que diez minutos en la fila del Banco Provincia. Lo que Ana ignoraba era que, durante ese período y sobre las coordenadas geográficas donde transcurrió la cita, los científicos del Centro de Experimentaciones Semisecretas lograron comprimir el tiempo mediante el experimento archivado en la carpeta TG-89/1995 y basado en la teoría expuesta en el Capítulo V del libro “Manipulando a Cronos”, de A. F. Ghidini. Como consecuencia, cada hora tuvo una duración de sesenta segundos. Y aunque Ana y Ezequiel estuvieron juntos toda la tarde según su reloj, no tuvieron ni tiempo de terminar el café.

Butacas 34 y 35

José López Balasto, butaca 34, es la persona que más sabe en el planeta acerca de las poblaciones de pequeños moluscos que habitan en la costa de la provincia de Buenos Aires. Mario Estrada, butaca 35, puede recitar los nombres de cada uno de los jugadores que pasaron por Racing desde el día de su fundación hasta la fecha. A ambos les resultaría fascinante oír sobre los conocimientos del otro. Sin embargo, cuando  esta noche se encuentren en el micro que los llevará desde Retiro hasta Santa Rosa de Calamuchita, solo intercambiarán un breve comentario sobre el magro contenido de la vianda que entrega la empresa: un paquete con cuatro galletitas de agua y un alfajor de fruta.

Microcuento distópico en tiempos de muros

En el Estado de Ídicum, los niños debían vivir en los edificios centrales dictatoriales hasta que cumplían diez años. Ese día, un oficial les hacía la pregunta que definiría su futura morada: ¿Qué mes se encuentra entre agosto y octubre? Los que respondían septiembre eran llevados a Ídicum Norte y los que respondían setiembre, a Ídicum Sur. Los pueblos no se juntaban jamás porque los separaba un alto muro.

Sin embargo, en el año 78 del calendario idicumense, un niño con serios problemas de ortografía cambió el curso de la historia cuando dio una tercera respuesta a la pregunta. La voz se corrió y, a los pocos días, el muro fue derribado al grito revolucionario de ¡Sectiembre!

Lectores

 

¡Gracias a los chicos de segundo grado de la Escuela 1 por leer «Duelo de Sabios»! Me encantaron sus dibujos y los títulos que le añadieron a los capítulos.

Felicidad Enfrascada®, preguntas y respuestas

P: ¿En qué consiste el servicio de Felicidad Enfrascada®?

R: Ante la inminencia de un momento feliz, usted nos llama a nuestro teléfono gratuito y le enviaremos un especialista que, con total discreción, captará la felicidad, la comprimirá y la guardará en un frasco de cincuenta centímetros cúbicos.

P: ¿Cómo uso el contenido del frasco?

R: Dentro de los siete años del envasado, podrá abrir ese frasco y volver a sentir la misma felicidad que sintió en el momento en que fue captada. Cada frasco otorga una sensación de diez segundos de felicidad. No se recomienda utilizar la felicidad en más de dos ocasiones de cinco segundos.

P: ¿Cómo conservo el envase? 

R: Recuerde guardar el frasco en un lugar seco y oscuro.

P: ¿Cómo sé que me encuentro ante un momento de felicidad inminente?

R: Por favor, remítase al artículo «Felicidad: ¿cómo sé que está por llegar?»,  escrito por Menelao Quirós.

Baños necesarios

—¡Un baño a la semana es muy poco, Julián!

—Pero, mamá…

—Pero, mamá, nada. Tenemos que remodelar dos baños a la semana. Si no, la empresa familiar se va a fundir.

Gran sorteo gran

La Editorial Sigmar está cumpliendo  75 años y celebra con un gran sorteo. Para participar, hacé click en la imagen y la magia de internet te llevará al post de Facebook. Una ve allí, tendrás que comentar con quién compartirías el premio. Hay tiempo hasta el 19 de diciembre.

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