Sobre Luis

Sobre Luis

Es de noche. Dentro de la sala velatoria, Mirta está sola frente al cajón en el que está Luis, su esposo de toda la vida. El silencio y la tranquilidad son interrumpidos por la llegada de Marta, la amante del muerto desde hace varios años. El encuentro de ambas mujeres, tan diferentes a la vista, se inicia con tensión y reproches por ese hombre que han compartido. Pero rápidamente Luis pierde el protagonismo de su conversación para orbitar en ella de forma cada vez más lejana, hasta desaparecer. Mirta y Marta comparten una historia más allá de Luis y, antes de salir juntas de la sala velatoria revelarán quién es la primera persona que tuvieron en común.

Reservas en Alternativa Teatral

Presentación del Libro «Basurascopio»

Basurascopio FEV

Te invitamos a la presentación del libro
«Basurascopio. Una exploración al mundo de la basura», de Nancy Lago.
Durante el encuentro, se presentará el libro y se desarrollará un mini-taller sobre formas de abordaje de esta problemática en la escuela y en espacios de formación ambiental.

Dirigido a: Docentes, Promotores ambientales y Público general interesado.
Cuándo: Jueves 6 de diciembre de 2018
Dónde: Chorroarín 160 intersección Warnes. CABA. Fundación Espacios Verdes
Inscribite en: basurascopio.eventbrite.com.ar
Actividad no arancelada

Que

Caen las primeras gotas de lluvia cuando Eugenia nota que olvidó su paraguas en la cafetería por cuya puerta pasa una hormiga que lleva el trozo de una hoja de fresno que tocó el brazo del poeta a quien se le escapa una rima de unos versos que escribe sobre  una mujer que olvidó su paraguas.

(emoji de carita feliz)

Mi obra «La casa de las hermanas Sulfurosas» obtuvo el tercer premio en el 21º Concurso Nacional de Obras de Teatro Infanto Juvenil, organizado por el Instituto Nacional del Teatro. El primer premio fue para «El hombre de la silla», de Luis Arenillas y el segundo para «Fran, Flor y el león», de Roberto de Bianchetti.

¡Link al notición!

Sistema en contradicción

Gracias por recibirme entre pacientes, ya sé que no es algo habitual, pero esto que me pasó es muy importante. Importante en serio, no como cuando me peleé con Nacho. No, ni me puedo sentar. Sí, sí, te cuento lo que pasó. Fue cuando estaba completando un formulario en internet, no me mires así, creeme que es importante. Para enviar el formulario, tenía que hacer click en uno de esos botones que dicen “No soy un robot”. ¿Los viste alguna vez? Supuestamente están para evitar el spam pero, en realidad, son una herramienta de búsqueda. El tema es que cuando hice click en el botón, apreció un cartel de error en la pantalla, pero no era un mensaje normal, decía que me tenía que quedar donde estaba. Pero no tuve ni tiempo para leerlo bien porque, enseguida, sonó el teléfono. Una voz me dijo que mi sistema había entrado en contradicción y que un grupo ya había salido para mi casa. Ellos me iban a explicar bien la situación. No, no sospeché que fuera un engaño ni nada similar, me quedé esperándolos como me pidieron. Como media hora más tarde, dos hombres vinieron a mi casa y me explicaron lo que sucedió: como nosotros estamos programados para decir siempre la verdad, cuando nos enfrentamos a una no-verdad, nuestro sistema genera una alerta que se lo transmitimos a la computadora a través de una señal eléctrica. Y a través del IP de la computadora, ellos ya tienen la información para localizarnos. ¿Quiénes eran ellos? Unos técnicos de “FereHumana”, la empresa que nos construyó para que realizáramos tareas peligrosas o indeseables. Sí, es lógico que nunca los hayas oído nombrar porque su trabajo siempre fue confidencial. Trataron de mantener su proyecto en secreto porque hace treinta años todavía había muchos grupos anti-robots. Igualmente, la información se filtró y estos grupos tomaron la decisión de destruirnos, para ellos éramos una afrenta contra la humanidad. Lo lograron hacer con algunos, pero varios otros pudimos sobrevivir porque eliminaron parte de nuestra memoria, nos sacaron los instrumentos de rastreo y nos mezclaron entre la gente. Nos pudimos integrar porque somos robots semiorgánicos, que crecen, envejecen y mueren. El tiempo pasó y, ahora, que nuestra existencia es legal, decidieron que era momento de recuperarnos. ¿Cómo me siento? No sé muy bien cómo contestarte esa pregunta. Pero si querés saber si estoy triste o algo parecido, la verdad es que lo ignoro. En realidad, tendría que preguntarles si tengo las conexiones necesarias para sentir tristeza. Pero esto tiene su lado bueno: le encontré una explicación a eso que me dicen todos los que me conocen, que soy rara, bastante fría, demasiado sincera. Además, ahora sí sé para qué vine al mundo. Tantos años tratando de averiguarlo sin éxito y, de repente, lo descubro. Me construyeron como robot de rescate en emergencias, para que ningún humano tuviera que arriesgar su vida en esas situaciones. No, especial no me considero, imaginate que lo único que me diferencia de otros como yo es mi número de serie. Sí, me dijeron que hay muchos más viviendo entre la gente, sin saber qué son en realidad. Pero solo los van a poder recuperar cuando sus sistemas entren en contradicción. ¿En serio? ¿Justo la página que estabas viendo tiene uno de esos botones? ¿Y por qué no probás vos a ver qué pasa?

Microficciones teatrales

Mi obra «Marita Lopómez» fue seleccionada por el jurado del “Segundo Concurso Nacional de Microficciones Teatrales 2017” para formar parte de una antología que será presentada en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires.

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Reencuentro con un recuerdo

Una mañana de diciembre en la que había sacado a pasear a su perro Cano, Roberto Pancracio se reencontró con un recuerdo. Roberto era de andar encontrando cosas todo el tiempo. Por ejemplo, había encontrado a Cano hacía algunos años, mientras estaba buscando unas llaves que se le perdieron. Sí, ya sé: un perro no se parece a un manojo de llaves, pero estaba ahí, cerca de ellas, con los ojitos tan tiernos, que a Roberto le pareció que se lo tenía que llevar con él.

Pero esa mañana no estaba buscando nada. Solo paseaba y se detenía ante cada uno de los árboles de la vereda para que Cano levantara su pata canosa y marcara un territorio que luego marcarían otros perros. El reencuentro sucedió en un jacarandá. Cano tardaba tanto en su tarea, que a Roberto se le dio por usar el tiempo en observar al jacarandá. Y, allí, entre las rugosidades de la corteza, estaba apachurrado un recuerdo. Era tan diminuto que una hormiga lo tapó cuando pasó por encima de él.

¿Qué puede hacer una persona cuando se reencuentra con un recuerdo perdido? A Roberto le habían enseñado que los recuerdos estaban en la cabeza, así que este seguramente que se le habría escapado. Entonces, tomó el pequeño recuerdo con mucha delicadeza y lo presionó contra su sien, con la idea de que regresara a su sitio. Y su recuerdo volvió a él.

¡Ah! ¡Su triciclo! En su recuerdo, Roberto tenía tres años y andaba en el triciclo verde que le había regalado su madrina. Siempre iba a pedalear a la plaza esa que quedaba en la calle… el recuerdo era tan pequeño, que Roberto no pudo recordar nada más.