Mónica quiere a toda costa que su hijo entre al negocio familiar, pero él aspira a otras cosas para
su futuro. ¿Podrá convencerlo con la ayuda de la abuela Norma?
Microteatro para tres personajes.
Mónica quiere a toda costa que su hijo entre al negocio familiar, pero él aspira a otras cosas para
su futuro. ¿Podrá convencerlo con la ayuda de la abuela Norma?
Microteatro para tres personajes.
Hola grupo, les cuento que soy escultora y estoy replicando un bebé que falleció hace cincuenta y dos años. Su madre, como regalo por su cumpleaños ochenta, pidió volver a verlo y la familia me contrató para cumplir ese deseo. El caso es que la semana que viene tengo que hacer la entrega, pero para que el bebé cobre vida necesito vestirlo con ropa de la década del setenta. Pensé que iba a encontrar algo en tiendas de antigüedades o en mercados de pulgas, pero no hay caso. Les dejo una foto del niño, así ven lo que estoy buscando. ¿Saben dónde podría conseguir esa ropa?

Esperaba, sin ser detectado, en la estrella que viaja alrededor de su muerte.
Escribo el título de un cuento y se desata un conjuro: los pies que pisan territorio porteño se paralizan cuando intentan moverse al compás del dos por cuatro. Quemo la hoja escrita con la esperanza de que la situación se revierta, pero el cometido no se logra. Desahogo el crimen en confidencia terapéutica, pero mi psicóloga (milonguera oculta) me delata. Las miradas despectivas en la calle develan antiguos bailarines. El sodero me elimina de su recorrido. Un japonés me pregunta si en marzo ya se podrá bailar, así reserva pasaje. Marzo no creo, pero en noviembre seguro que sí, le miento. Al menos, podrá ver a los jacarandás en flor.
En el andén de la estación ferroviaria, un hombre de abrigo marrón percibe en su cuerpo el consabido hormigueo. Todo empieza en las manos, por lo que las observa con curiosidad. En su caso, es la mano izquierda. Las falanges se desvanecen como si una brisa las barriera. Su alianza de matrimonio tamborilea en el suelo. El proceso es de unos pocos segundos, suficientes para ver que un niño lo señala con la boca abierta. La madre baja la mano del niño y tapa sus ojos. Del hombre de abrigo marrón solo queda una montaña de ropa desinflada. La madre del niño divisa al guarda de la estación y lo llama. El guarda se acerca con una bolsa plástica, en la que arroja las pertenencias. Mientras toma la alianza del suelo, siente que un cosquilleo en su cuerpo. La mano derecha se esfuma desde el pulgar.
El equipo científico hace el último relevamiento desde el punto de los 26,71 metros sobre el nivel del mar. El piloto señala los rayos que estrían el cielo oscurecido del mediodía y les exige abordar la nave de inmediato. Los vientos del sudeste empujan la vasta masa fluvial en un camino sin retorno. En unas pocas generaciones, ya nadie recordará haber caminado sobre esta ciudad con nombre de aire y destino de agua.
Igualito al papá. Seis ojos verdes.
El pie cambió. La huella, no.
Primer trabajo: apilar frascos de nostalgia.
Imprimió comida. Probó. No le gustó.
Sobre el iceberg, trompas de elefante.
Una laguna afiebrada. Será la primera.
El tragaluz dejó al mundo oscuro.
Informe de autopsia (revisar): Aún respira.
Ejercicio: cuentos en seis palabras + palabras aleatorias (https://palabrasaleatorias.com/)

La zona restringida
del silencio
alberga
una subespecie de
paisaje helado.

La distancia,
una zona habitable
que podría sustentar
nuestro propio refugio.