Bajo las escaleras luego de registrar mi huella digital en lo que parece haber sido una biblioteca escolar. El acto que acaba de suceder permitirá que, cada vez que apoye mi dedo índice en el lector de la institución A, se generen datos y metadatos que podrán ser visualizados en la institución B, la institución C y, tal vez, en la D. Esos datos y metadatos se almacenarán, por un tiempo no informado, en instalaciones llamadas nubes, que están a nivel del suelo, construidas de minerales y plástico y que requieren de energía y agua para subsistir. Pero yo no debo pensar en la nube, me tengo que concentrar en apoyar el dedo sobre el lector en los días y horarios estipulados para que, al inicio de cada mes, aparezca en mi pantalla el número que me permite tener un espacio en este sector del planeta.