Ante todo, conservar la calma. Respirar con normalidad, interrumpir el suspiro antes de que el globo de aire salga ruidoso por la nariz y la boca. Bajar las pulsaciones con la consabida técnica de respiración: inhalar, retener el aire, exhalar y mantener los pulmones vacíos por un mismo período de tiempo. Demostrar ante los Actuales que te encontrás en el tiempo y el espacio correctos. Actuar como una persona más, que lidia con una situación económica desafiante y busca comprar lo más barato posible a esta altura del mes. Evitar el contacto visual directo con ese otro viajero del tiempo, pero dejarse atrapar de soslayo por la cicatriz en la mejilla, un río de carne nacido de tu mano que no logra ser del todo tapado por la barba. Sentir que él también te observa lateralmente y reconoce quién sos. Sentir su mirada que te atraviesa como una espada y deja todo tu interior expuesto. Fingir que estás leyendo los ingredientes del paquete de galletitas, mientras te preguntás qué pudo haber pasado con la implementación de la Resolución para que se haya producido el cruce. Guardar el paquete de galletitas en el canasto y tomar un limpiador de vidrios cuando escuchás el zumbido metálico de la cámara de seguridad. Recordar que en esta línea específica la enemistad entre ambos, como personas y como miembros de diferentes partidos, ya fue superada. Dejar que el cerebro repase algunas imágenes aparentemente inocentes, pero que resultaron ser catastróficas para ambos: unos dedos que recorren las curvas de un tablón de cedro, el color rosa pálido de las flores de un azulejo, el olor de la salvia fresca y la caricia amarga de la cerveza ilegal. Impedir que el cerebro lo incluya a él en las imágenes. Temer que estén siendo víctimas de algún tipo de trampa, aunque sepas que la Organización no suele tender trampas. Dejar el limpiador de vidrios en su lugar y caminar en sentido opuesto al de él. Escuchar sus pasos detrás y confirmar, a través del espejo parabólico, que él te sigue con mirada escéptica pero paso firme. Escuchar que pronuncia ese nombre por el que nadie te llama aquí, con un signo de pregunta. Sentir cómo los músculos de tus dedos pierden tono y oír el ruido del canasto que choca con el piso cerámico del supermercado. Dejar caer el canasto con el paquete de galletitas. Ante la situación incomprensible de volver a encontrarse y sus posibles causas y efectos, lanzarte a correr y evadir como aprendiste en ese futuro fatídico, sin dejar de recordar que fue él quien te enseñó esa técnica. A pesar de que las chances de éxito sean muy pocas, hacer todo lo posible por impedir que se rompa el tiempo una vez más.