La cabeza del presidente

Personajes:

Mujer vestida de tailleur.

Hombre vestido de traje.

Una oficina. Hay un escritorio y una silla. La mujer camina en círculos. Entra el hombre.

HOMBRE: ¿El presidente está listo para firmar el tratado? El primer ministro no puede esperar más.

MUJER: No va a salir. Hubo un inconveniente.

HOMBRE: ¿Qué pasó?

MUJER: Tuvo un ataque de pediculosis.

HOMBRE: ¿De qué?

MUJER: De piojos. Hace horas que se está rascando la cabeza. Está fuera de control.

HOMBRE: ¿Le pusieron algo?

MUJER: Piretrina, butóxido de piperonilo, vinagre… Le pasamos el peine fino. Los piojos ni se dieron por enterados.

HOMBRE: ¿Probaron con kerosene?

MUJER: No quiso.

HOMBRE: Pero ¿cómo le pudo haber pasado algo así?

MUJER: Creemos que fue en la inauguración de la escuela.

HOMBRE: ¿Inauguraron una escuela?

MUJER: Bueno, reinauguraron… La pintaron o algo así, creo.

HOMBRE: Seguro que se puso a abrazar chicos, ¿no? ¿Cuántas veces le dije que solo lo hiciera cuando es estrictamente necesario? Ni siquiera es año electoral.

MUJER: Usted sabe que él no es de escuchar consejos.

HOMBRE: Sí, cuando algo se le pone en la cabeza.

MUJER: Adentro o afuera.

HOMBRE: No se le va más.

MUJER: No quiere que lo vean en este estado.

HOMBRE: Bueno, que venga el doble entonces. Solo tiene que sacarse una foto y firmar.

MUJER: El doble pidió el día libre. Hoy le tocaba hacer adaptación en el jardín de la hija.

HOMBRE: ¿Y el doble del doble?

MUJER: Está demorado por un piquete.

HOMBRE: ¡Este país no puede funcionar así!

MUJER: ¿Qué quiere que le diga? Si la cabeza está mal, todo lo demás está mal.

HOMBRE: Y pensar que es solo cuestión de mandar un par de mensajes.

MUJER: Y mostrar las pruebas.

HOMBRE: Sí, es tan fácil.

MUJER: No sé por qué no se hace más seguido.               

HOMBRE: ¿Lo hacemos?

MUJER: ¡Hagámoslo!

La mujer abre el cajón del escritorio y saca un par de carpetas colmadas de hojas. El hombre mete su mano en un bolsillo de su saco, saca un celular y teclea. El hombre y la mujer se paran enfrentados.

HOMBRE: El otro es peor.

MUJER: Pero, por ahora, podemos controlar lo que tiene en la cabeza.

Clase turista

Mujer: Estoy cansada de estar sentada. Me duelen las rodillas.

Hombre: ¿Las rodillas?

Mujer: Sí, las rodillas. ¿Por qué hay que estar sentados?

Hombre: Por seguridad.

Mujer: ¿Quién lo dice?

Hombre: Supongo que la autoridad de aviación.

Mujer: Encima bajaron el respaldo de adelante. ¿No le podés decir nada al muchacho?

Hombre: Creo que está dormido.

Mujer: No sé qué tipo de descanso es estar sentado. Deberíamos viajar acostados. En unas camitas como las de esos hoteles japoneses que vimos en la tele.

Hombre: Mi abuelo estuvo sentado en una silla por quince años.

Mujer: Te dan una pastillita para dormirte.

Hombre: Después de un accidente.

Mujer: Te levantan cuando llegás.

Hombre: Había quedado todo doblado, pobre.

Mujer: Y se acabaron los problemas. ¡Ay, las rodillas!

Hombre: Lo único que hacía era jugar al solitario. Día y noche.

Mujer: Se lo voy a proponer a la aerolínea. ¡Mirá si me hago rica con la idea!

Hombre: Yo lo miraba y no me atrevía a decirle nada.

Mujer: ¿Era una silla de ruedas?

Hombre: ¿Qué?

Mujer: Que si tu abuelo estuvo en una silla de ruedas.

Hombre: En realidad era como.

Mujer: ¡Ah! Van a servir la comida. Claro, ahora sí levanta el respaldo.