Una mujer camina nerviosa sobre el escenario. Olvidó el texto de la obra. Otra mujer, sentada en una butaca, anota que la actriz es poco profesional. La autora mira a ambas y se golpea la frente.
—¡Así no lo imaginé! —grita—. Vos, la que está sentada, vas a volver a la ficha. Tal vez me sirvas para otra novela.
—¿Y yo? —pregunta la mujer sobre el escenario.
—Vos quedás liberada. Te podés ir.
—¡No! Puedo mejorar, lo juro. Mario me está buscando y no quisiera volver a su mente.