No te parecés para nada a un elefante. No podés protegerme de la lluvia. Mucho menos puedo esperar que escribas algo lindo. Tampoco algo feo. No servís para proyectar películas ni para proponer un sistema de coordinación de semáforos. No podés dar clases de yoga, ni clases de aeróbics o de apoyo de matemática o geografía. No sos alguien que sepa las direcciones de los museos más importantes. No podés manejar un colectivo y tampoco tenés idea de para qué sirve la senda peatonal. No cantás, no recitás poemas ni te comunicás en lengua de señas. No sos comestible, no sos blanda, no sos gustosa. No tenés wifi, no te conectás a nada, no sos un barco, ni siquiera una balsa. No podés levantarte si alguien te empuja. No podés alejarte de los que te molestan. Pero lo que más me indigna de todo es que ni siquiera tenés la delicadeza de decir gracias.